Móviles en el cine
Lo repito por activa y por pasiva.
Los móviles en el cine, en mitad de una película (ni digo ya en el teatro), Joden. Joden mucho. Sobre todo al que está al lado e incluso al que está al otro lado del pasillo, pero aun así siempre hay alguien que decide encenderlo y hacer vete a saber qué con él, cuando los demás estamos interesados viendo lo que hemos pagado por ver.
En "Agosto" fueron dos los plastas maleducados. A un viejo se le cayó al suelo, organizando un ruido del demonio, y a la otra , hasta ya de que no parase, tuve que decirle que por favor, apagara eso de una vez por todas ya que su empeño pasaba de castaño oscuro.
¿No les interesa la película? Que se larguen. ¿Es mucho mas interesante lo que ponga en su móvil que haber pagado por lo que están viendo? Que se salgan y jugueteen con el aparato todo lo que quieran fuera. La verdad es que ni siquiera puedo comprender que vayan al cine y pongan la atención en otra cosa. Vete a una cafetería y ahórrate los 6 euros. Así al menos dejarán de molestar a los demás, que vamos al cine a ver lo que sea, y llevamos el móvil bien apagadito en el bolso y lo encendemos cuando salimos. lo demás, aparte de una molestia es una falta de educación. No digamos ya en el teatro, cuando los actores están trabajando para que tu disfrutes y con tu jugueteo incansable les sacas de su concentración. (He visto casos de vergüenza ajena)
La dependencia del móvil está llegando a un punto demencial. Que no me digan que hay tantas cosas tan urgentes como para molestar al vecino de butaca un montón de veces. Bastante tenemos con aguantar conversaciones que no nos interesan o intimidades que no hemos pedido escuchar cuando vamos en el autobús esperamos en un cruce.
¡Perros no!
Estoy harta del "no hace nada" que te sueltan los dueños de los perros cuando el animalito se te acerca mas de lo que consideras deseable.Por supuesto, faltaría mas que lo hiciera porque se te iba a caer el pelo de la denuncia que te pongo, pero comprende que tu animalito a mi no me gusta y no me apetece que se me acerque. Ni el tuyo, ni el del vecino, y el demás allá, y no tengo por qué soportar su compañía.
Si te digo que lo sujetes, lo sujetas y punto, por mucho que lo adores, porque somos muchos a los que no nos gustan o tienen alergias.
Aplaudo la iniciativa de algunos comercios o cafeterías que han puesto el letrero de "Perros no". Pues no, oiga usted, un perro incluso el suyo, es un animal y no quiero tomarme un café a su lado, ni mucho menos que merodee a mi alrededor. Con todos mis respetos a los perros-guía de los ciegos, que considero los mejor educados del mundo y que cumplen una función social.
No digamos ya cuando los meten en medio de una aglomeración. Si lo haces te arriesgas a que te lo pisen, así que cógelo en brazos, demonios y no mires con cara de odio a los que pasamos cerca.
Los perros son mejores que las personas
Cantinela que me ha costado aguantar mas de una y mas de dos veces, generalmente de personas que presumen de amar a los animales pero les importan un pepino los humanos, a los que van avasallando y jodiendo por la vida.
Si te plantas con otras tres personas y tu perro en mitad de una calle estrecha y no tengo por donde pasar, lo retiras y no me increpes, diciendo el "no hace nada" de rigor y lo malos que somos algunos ( los que no nos gustan los perros o nos está molestando el suyo, por lo general), pasando al insulto de la manera mas soez, cuando no hemos hecho otra cosa mas que decir "por favor, déjeme pasar".
Será tu perro, pero es un chucho feísimo que está molestando, y tu también, por ponerte de tertulia justo donde mas molestas.
Sí, algunos perros son mejores que algunas personas, sobre todo que usted, que dice amarlo tanto, y desprecia a los que no hacemos lo mismo.
Gente con carritos
La gente en cuanto coge algo con ruedas se convierte, además de en un incordio, en un peligro.
En el supermercado se dejan siempre justo en medio del pasillo mientras se mira la estantería. Cuando se juntan dos (por lo general, en el mismo pasillo los dejan juntitos) no hay quien pase, y me refiero tanto a carritos como maletas con ruedas.
Cuando lo que llevan entre manos es un cochecito de niño, mejor te vas lo mas lejos que puedas;te arrollarán, saliendo de un portal o tienda con el carrito por delante, empujando mientras la mamá habla con la amiga y dándote un empellón a la menor o parando varios juntos justo en el medio de algo.
Lo que se ha convertido en un auténtico tormento es el traqueteo del fin de semana de gente llevado maletas de carrito de acá para allá, calle, metro, autobús, lo que sea... catacroc, catacroc, catacroc.... Además, cuando suben al bus la gente las deja en medio del pasillo, con lo cual, no pasa nadie sin saltarla y más cuando son maletones. Una maleta en un autobús es un incordio porque no hay sitio y sí mucha gente.
Con respecto a los carritos de la compra, generalmente llenos a rebosar conducidos con mas bien poca destreza por señoras mayores... mejor no digo nada.
Los que tiran colillas a la calle
Así, directamente, desde donde sea... aparte de mala educación y una guarrería, puedes quemar algo a alguien.
A mi me las han tirado desde dentro de una tienda a la calle justo cuando yo pasaba a mis pies, desde un balcón o ventana, desde una terraza de la calle cuando bajaba las escaleras del metro (me dio en la cabeza).
Delante de las paradas de autobús se acumulan unas cuantas, en las playas (no es el caso de Madrid) las encuentras metidas en la arena, lo cual es un asco. Al menos en el metro lo han prohibido, porque iban directas a las vías.
Las calles están llenas de terrazas quitando sitio a los peatones por ellos. Al menos cada vez no dejan hacerlo en mas sitios. pero por desgracia la calles es la calle y ahí nadie ha metido mano, así que nos seguiremos tragando el humo del que va delante, del que espera el autobús a tu lado... del que te tira la colilla encima, etc...
¡Pobrecitos los fumadores, cuanto sufren por culpa de su asqueroso vicio! y que incomprendidos son, que casi se les trata de apestados.
Los ciclistas
Temo a los ciclistas, sí los temo principalmente porque van por la acera o por donde les da la gana, a veces a velocidades que no deberían, y mas de una vez he estado a punto de se arrollada por algún listo montado sobre dos ruedas, o yo, o la pareja de viejos que va paseando tranquilamente.
El hecho de ir en bici parece que les da permiso para ir por donde les sale de cierto sitio y que tienen preferencia incluso por las aceras cuando no es así cuando de un día para otro han pintado miles de carriles en las calles para que vayan por donde los coches. Pues no. No es un coche, pero siempre va mas rápido que un peatón. detesto a los listos que se crean muy mayores y van sorteando a la gente como si la calle fuera el Rally de Montecarlo.
Los motoristas con eso de que van a aparcar en la acera son experto en meterse por los pasos de peatones, circular por las aceras cuando les pilla una calle en dirección contraria y otras lindezas semejantes.
Los detesto casi tanto como a los conductores de furgonetas, otra raza aparte que hace lo que le sale de los mismísimos. Cuidado con ellos si conduces, y si andas también porque se meterán donde les place y como les place.
domingo, 23 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
Dulce Madrid (2)
Sin embargo, hoy por hoy, y entre las nuevas tiendecitas
con los famosos “cupckakes” en el escaparate, que no entran en este mi relato y que ya aburren, lo
mas chic de Madrid en pastelerías quizás sean “Mallorca” y “Embassy”, ambas aunque con
decoración moderna conservan cierta solera y los precios por encima de la
media, pero un gusto es un gusto si quieres hacer el esfuerzo y rascarte el
bolsillo. Si tu standard de calidad es de lo mejorcito o quieres hacer una
excepción, tomate un té en el RITZ, o en el Palace. La experiencia vale la pena
y se paga como tal.
Las tiendas de la cadena “Mallorca” son grandes y tienen
de todo: refinada bollería, canapés, pasteles, panecillos, delicatessen varias
pero sus torteles rellenos de pasta de almendra son de lo mejorcito hasta el
punto de hacerme olvidar por un momento mi anhelado croissant.
“Embassy”, solo hay uno, en la esquina de Ayala con la
Castellana y lleva allí, uf, desde la guerra civil o antes. Tiene fama de ser centro de reunión de los espías de ambos bandos que pululaban por Madrid durante la segunda
guerra mundial. Tiene un salón de té estilo inglés donde sirven sándwiches de
pepino y “scones” y suele estar lleno de señoras del barrio de Salamanca, al
menos lo estaba antes de la crisis pero no, hoy no he venido por un ataque
súbito de anglofilia. En caso de que me diera, podría acercarme a “Living in
London”, decorado mas al estilo Laura Ashley (cretonas y flores) agradable pero
un poco estrecho y lleno de gente por lo general (idem respecto a lo de la
crisis)
No puedo remediarlo. A estas alturas hecho de menos
salones como “Angeline” o”La Durée” en Paris. Finos, elegantes y con unos
pasteles de morirse solo con verlos de puro apetecibles y bonitos. Lo de la
tarta Sacher y el “apfelstrudel”
mientras escuchas un vals de los cafés de Viena prefiero no mencionarlo.
En Madrid tampoco hay tradición de bombonerías como las
de Bruselas, una tentación para mis sentidos, con las que te topas en cualquier
esquina. Son sitios minúsculos a veces pero a rebosar de “pralinés”, como los
llaman allí. Bombonerías… pues aquí tenemos “Santa”, y son tan grandes como
piedras. En sus tiempos estuvo “Juncal” (Calle Recoletos) desaparecida hace
mucho. Nuevas hay alguna, como “Xocoa” pero ya nada es igual. Bueno, sí, nos
queda “La pajarita” que de “Puerta del Sol 6” se ha ido a la calle Villanueva
donde venden aún sus famosos caramelos cuadrados y planos en papel blanco con el anagrama de dibujitos
como si fuera un jeroglífico. También queda “La Violeta” en la plaza de Canalejas
y sus caramelos en forma de flor morada.
De toda la vida está en la calle Toledo la tienda
“Caramelos Paco”. Si buscas glamour no vayas porque la tienda es mas bien
tirando a cutre pero está llena a rebosar de caramelos de todo tipo, tamaño y
condición que venden si lo quieres, en enormes paquetes, muñecos de azúcar en un montón de formas, además de chupetes,
pirulís, biberones de anises y mil cosas más.
Me niego a volver a casa sin mi croissant perfecto.
Podría cambiarlo por unos churros, como los de la Chocolatería de San
Ginés, Valor o simplemente, la cafetería Nebraska, pero no, mira tú que
casualidad el “croissant casi perfecto” aparece cuando menos te lo esperas: los
de un sitio nada glamoroso en la calle Bravo Murillo arriba los recuerdan un
poco (3 por 1,50) y los tienen hasta integrales, en “Moulin Chocolat”, en plena calle de Alcalá
frente al Retiro, te cobran 2 euros por uno que bueno, si te quieres gastar el dinero pues… aunque a fuer de ser sinceros, también en Granier (ahora por todo madrid como setas) los tienen a 1,50 euros 3, o en un sitio nuevo que imita al pain Quotidien en la calle Atocha al mismo precio. Hasta Lidel en su tahona te da un par de ellos por 0,60 (eso si que es romper precios) y no están nada mal. No es lo mismo, pero un croissanmt siempre será un croissant.
lunes, 27 de enero de 2014
DULCE MADRID (1)
Atacada por un súbito ataque de añoranza e hipoglucemia
me pongo a pensar lugares llenos de azúcar que marcaron mi infancia.
Recordé los barquillos que vendían los barquilleros de El
Retiro y que me compraban después de bajar de un viaje en el vapor por el
estanque, especialmente unos de color rosa que vete a saber que tendrían.
Mi abuela me llevaba a una cafetería llamada “ILSA Frigo”
justo a un lado de la iglesia de San José que parecía salida de la película
“American Graffiti” que no entonces no estaba ni en proyecto, con las camareras
luciendo sus gorritos de soldado y taburetes redondos tapizados de “skay” rojo
en la barra, donde yo me tomaba unas gigantescas tortitas con nata. Desparecieron
de repente, pero aún quedaban Manila y California, entre otras nacidas con la
moda de los nombres de lugares exóticos cuando poca gente viajaba. California
tenía unos brioches de pasas estilo francés, suaves y mantecosos.
También recuerdo los suizos con picos, los muñecos de azúcar
en forma de bebés, los botes redondos de chocolatinas Nestlé, y las pequeñas
cuadraditas con su papel de plata que traían un cromo.
Cuando nos vivimos a vivir aquí, dejando atrás las
exquisitas y elegantes pastelerías de Barcelona, recuerdo las enormes bandejas
de pasteles, de un tamaño mas que respetable, nada de esos bocaditos de hoy
día, de la pastelería “Laorden”, hoy desaparecida, en una bocacalle de la Plaza Mayor; los
bizcochos de Vergara, glaseados, y las rosquillas de Alcalá de la pastelería
“Hermanos Diez” de la calle Villanueva, en nuestro barrio.
Junto a mi colegio estaban las “Pastelerías Rodríguez”
lugar de paso casi obligado para muchas que atraía por su permanente olor a
bollo recién horneado y riquísimos por cierto, algo que aún hoy sucede a veces
en la calle Goya cuando pasas delante de “Italnova” o cerca de “Formentor” en
la calle Hermanos Miralles, donde fue a parar la que recuerdo en la plaza de
Chueca, que aún hoy conserva su esquinazo parecido a una casita campestre o
mejor, tipo massia mallorquina, convertida en un antrillo de cafés y copas. Lo
que aún conserva es el olor a ensaimada mallorquina, bien nevada por arriba y deshaciéndose
en la boca de pura grasa. Si te la comes rellena de crema tostadita por encima,
mi favorita, o rellena de nata, que no me gusta tanto, acompañada de la famosa
“leche Formentor” con limón y canela en la barra, ya es para morir de gusto. Otras especialidades
son las cocas y hojaldres rellenos de verdura que no se suelen encontrar por
estos lares.
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| Pastelería del Pozo |
Mucha nostalgia, pero mi croissant francés, aún no ha
aparecido, así que me voy al centro, a esas pastelerías antiguas, las de techos
altos, con decoración en dorado y lámparas de cristal que están despareciendo
poco a poco, aunque quedan algunas, que deberían conservarse como oro en paño.
Evito los “Rodilla” aunque sus croissant son grandes y, si
tienes unas prisas te puede valer. También evito el supermercado de ciertos
grandes almacenes, en los que la bollería, la verdad, no está en absoluto a la
altura de su fama.
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| Escaparate de La Mallorquina |
Salgo del metro en la Puerta del Sol, justo en la esquina
con la calle Mayor, donde, inamovible, me espera uno de mis establecimientos
favoritos: “La Mallorquina”, con sus dos entradas diminutas (hay que esperar
que salgan para entrar tú) por las que accedes a su no muy ancho, quizás porque
suele estar lleno de gente, pasillo entre dos mostradores llenos de empanadas,
bollos(vende miles de “napolitanas” al día), tartas, pastas de té, bombones,
reinas de nata, ponches de yema, merengues blancos y rosas como los de antes, modernos
“macarons” y mis favoritos: los pasteles rusos y las trufas de chocolate con
los que me suelo dar un homenaje. Los croissants están buenos aunque no son muy
grandes, ni tampoco se parecen a los franceses.
Siempre suele mostrar, al menos dos meses antes de la
fecha, establecida los roscones de Reyes, las torrijas, rosquillas, tontas y
listas, de San Isidro, los buñuelos y los huesos de santo.
Tiene una barra y un salón arriba y su decoración era
moderna allá por los años sesenta, el sitio típico lleno de viejos. Una pega:
cierra en Agosto pero sus precios son de lo mejorcito de Madrid.
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| El Riojano |
Un poco más adelante, siguiendo por la calle Mayor se
encuentra un lugar para los nostálgicos de las pastelerías francesas o
vienesas. Sí, una de esas de techos altos, dorados y espejos, con salón de té
al fondo. La puerta y el escaparate son estrechos, incluso la pastelería en sí
es pequeña, pero eso no le impide, mostrar sus exquisiteces. Se llama “El Riojano”
y es de las de más solera. Precios son más altos que en “La mallorquina” pero
el lugar es de más lujo y su salón de té la mar de coqueto.
Volvemos nuestro pasos hacia la calle de la Cruz y de ahí
torcemos por un callejón con mala pinta
llamado calle del Pozo, donde encontramos la “Pastelería Del Pozo” también de
las antiguas con solera, famosa por sus planchas de hojaldre rellenas de crema
o cabello de ángel de las que, en época de fiestas, como Navidad por ejemplo,
vende tantas que la gente hace cola en la calle para comprarlas. Otra
especialidad es lo que llaman “torrijas”, que no son como las que se toman por
Semana Santa, sino unos dulces pequeños parecidos a los bizcochos borrachos. Un
bocado delicioso. Es pequeña y dentro tiene adornos de madera y mostrador de
mármol. Normal de precio.
Menos conocidas son el “Horno de la Santiaguesa” (final
de la calle Mayor), el de “San Onofre”, y los varios establecimientos de Viena
Capellanes, mas de andar por casa y tomarte algo si te pica la gusa. Los establecimientos tiene pinta de antiguos
bien conservados, con espejos y tal, sus sándwiches son variados y bueno, tiene
un pasar.
En la carrera de San Jerónimo se encuentra otra pastelería
de renombre: “Casa Mira”, con su torre giratoria llena de dulcerío variado en
el escaparate, tiene fama por sus turrones artesanos, en grandes barra que hay
que ir cortando al peso, cuando llega Navidad.
Casi en la puerta del Sol está “L’ HARDY”, más
restaurante y “delicatessen” que pastelería en sí, famosa por sus calditos
calientes y el cocido de su restaurante.
En mi barrio hay varias pastelerías buenas y a buen
precio, y supongo que en otros barrios también aunque no sean de las que me
gustan y me hacen acordarme de la tienda en que trabaja la Columeta de “La plaza del
diamant”, (una, en la calle Orellana se fue para siempre y otra, en Fernando
Sexto “La Duquesita”,
perdura en una calle rara (Fernando VI) donde se mezcla lo antiguo con lo
moderno, representado por la nueva “Mamá Framboise” , que tira mas al estilo
neoyorkino, Le pain Quotidinne, y otros que van de provenzales.
(Continuará)
lunes, 28 de octubre de 2013
TRUCO O TRATO
Hace ya tiempo que en Madrid hemos adoptado la fiesta americana del Halloween, pero solo desde hace unos años se encuentran en las tiendas las decoraciones típicas a base de calabazas con forma de cabeza iluminadas por dentro, sombreros de brujas y demás. Es que el tema da mucho morbo.
Este año hasta El Corte Inglés con la rapidez que le caracteriza para copiar lo que sea, tiene una sección entera, enterita en una planta dedicada al tema. Fantasmas, disfraces, pelucas, pinturas, de todo.
Este año hasta El Corte Inglés con la rapidez que le caracteriza para copiar lo que sea, tiene una sección entera, enterita en una planta dedicada al tema. Fantasmas, disfraces, pelucas, pinturas, de todo.
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La mesa lista para recibir a los fantasmas![]() |
viernes, 18 de octubre de 2013
EL PLACER DE VIAJAR EN AUTOBUS
Los autobuses de Madrid son como el fantástico mundo de Oz por las cosas que ocurren y el variado tipo de gentes que lo pueblan.
Súbete a uno. Lo primero que sorprende es que lo incómodos que son, especialmente los modelos nuevos; menos mal que aun quedan unos pocos de los de asiento rojo, que tienen mas plazas sentadas, porque a los azules, con eso de dejar espacio para carritos de bebé, les han quitado dos filas, y el resto, unos están muy altos, otros muy bajos. La fila del final es muy, pero que muy estrecha y ni pensar que te quepan las bolsas que llevas; si vas en el del medio corres el riesgo de salir disparada con un frenazo. Pobre de ti como vayas en los de 4, dos mirando a un lado y dos a otro, chocando rodillas y con riesgo de irte contra el de enfrente. Como no le gustan a nadie, suelen estar vacíos casi siempre, pero es que son lo peor de la incomodidad.
Los autobuses van siempre llenos de viejos, (llenos no, mas bien a rebosar, sea la hora que sea, pero sobre todo por las mañanas) que se dedican a hacer sus recorridos sin importar si andan bien, andan con muleta o con bastón, con lo que sea... Van al médico cargados con esas bolsas incómodas de radiografías o con bolsas de plástico llenas de la compra. Vivan donde vivan sienten especial predileción por ir hasta El Corte Inglés. No tienen nada que hacer pero siempre tienen prisa. Salen temprano y vuelven a casa temprano, ponen cara de disgusto si se suben hacia la mitad del recorrido y va lleno, si están libres los reservados para ellos no los querrán, sobre todo si van contra el sentido de la marcha. Si les ofreces tu sitio y no es el que les gusta, jamás se sentarán en él, y te mirarán con odio si resulta que vas sentado en el que ellos prefieren sentarse y no se lo ofreces.
En invierno tienen frío y cierran ventanas aunque los demás vayamos asándonos a fuego lento, y en verano, pues también, por la refrigeración, así que las abren para que entre el calorcillo de fuera.
Al asiento que queda junto a la ventanilla le ponen mil pegas, que si da el sol, que si cae el aire (es verdad, a saco) que si no pueden entrar, que si tienen que salir... Se sientan siempre en el del pasillo y no lo ceden ni a su madre... Una vez vi a una señora que no se movió por más que una impedida, coja y con muleta, se lo pidió, diciendo que le resultaba imposible pasar...y era verdad.
No son los únicos. Por lo general, el autobús tiene copados los asientos de pasillo impidiendo muchas veces que los que van juntos se sienten juntos y sin importar si tu viajas para una o dos paradas y ellos para muchas mas. En cuanto alguien se baja, hay baile de sitios, parece el juego de las sillas mágicas, y todos se cambian a otro: al que mas se acerca a su sitio preferido; el dentro al de fuera, el de dos a uno solo, los de atrás al de delante... Los primeros en quedar de nuevo libres son los de 4 y la final final... ya he dicho que son los que odia la gente. Bueno, los odiamos. Sin embargo adoramos los pocos que quedan ya para uno solo. Son los mas solicitados. Y no solo eso, sino que que en cada nuevo modelo de autobús menos asientos de esos hay porque en algunos modelos se han cargado hasta cuatro filas, lo juro. Lo de las maletas tiene también su aquel, puesto que la gente lleva por lo general enormes maletones que coloca en mitad del pasillo sin ningún rubor y debes arreglártelas como puedes para pasar... sin embargo tengo la guerra declarada a las mochilas porque la gente no se acuerda de lo que lleva a la espalda y te pega cada trastazo en plena cara o donde pille que ni te cuento.
Mientras esperan en la parada, la gente mayor suele colarse de todas, todas; aunque lleguen los últimos siempre intentarán pasar por delante de quien sea, a veces mientiendo descaradamente con el "yo estaba antes" que es mentira podrida, dando codazos, haciendo muro (los viejos hombres) para dejar pasar a la parienta. También es muy habitual en las señoras, salir repentinamente de detrás de la marquesina cuando llega el que van a coger, como si llevaran esperando una eternidad, pero han llegado después que tú. Se las ve el plumero.
Otra curiosidad son las horas: trabajadores, viejos, y niños que van al colegio, funcionarios que salen, trabajadores de los que se han llevado la bolsa de tupers, obreros cargando con la bolsa de deportes, limpiadoras, jovencitos que salen de marcha, etc se suceden según las horas del día.
El metro es otra cosa de la que posiblemente hable en algún momento. de momento, el autobús tiene la ventaja de que ves el paisaje y... NO HAY MUSICOS AMBULANTES. Algo es algo.
Súbete a uno. Lo primero que sorprende es que lo incómodos que son, especialmente los modelos nuevos; menos mal que aun quedan unos pocos de los de asiento rojo, que tienen mas plazas sentadas, porque a los azules, con eso de dejar espacio para carritos de bebé, les han quitado dos filas, y el resto, unos están muy altos, otros muy bajos. La fila del final es muy, pero que muy estrecha y ni pensar que te quepan las bolsas que llevas; si vas en el del medio corres el riesgo de salir disparada con un frenazo. Pobre de ti como vayas en los de 4, dos mirando a un lado y dos a otro, chocando rodillas y con riesgo de irte contra el de enfrente. Como no le gustan a nadie, suelen estar vacíos casi siempre, pero es que son lo peor de la incomodidad.
Los autobuses van siempre llenos de viejos, (llenos no, mas bien a rebosar, sea la hora que sea, pero sobre todo por las mañanas) que se dedican a hacer sus recorridos sin importar si andan bien, andan con muleta o con bastón, con lo que sea... Van al médico cargados con esas bolsas incómodas de radiografías o con bolsas de plástico llenas de la compra. Vivan donde vivan sienten especial predileción por ir hasta El Corte Inglés. No tienen nada que hacer pero siempre tienen prisa. Salen temprano y vuelven a casa temprano, ponen cara de disgusto si se suben hacia la mitad del recorrido y va lleno, si están libres los reservados para ellos no los querrán, sobre todo si van contra el sentido de la marcha. Si les ofreces tu sitio y no es el que les gusta, jamás se sentarán en él, y te mirarán con odio si resulta que vas sentado en el que ellos prefieren sentarse y no se lo ofreces.
En invierno tienen frío y cierran ventanas aunque los demás vayamos asándonos a fuego lento, y en verano, pues también, por la refrigeración, así que las abren para que entre el calorcillo de fuera.
Al asiento que queda junto a la ventanilla le ponen mil pegas, que si da el sol, que si cae el aire (es verdad, a saco) que si no pueden entrar, que si tienen que salir... Se sientan siempre en el del pasillo y no lo ceden ni a su madre... Una vez vi a una señora que no se movió por más que una impedida, coja y con muleta, se lo pidió, diciendo que le resultaba imposible pasar...y era verdad.
No son los únicos. Por lo general, el autobús tiene copados los asientos de pasillo impidiendo muchas veces que los que van juntos se sienten juntos y sin importar si tu viajas para una o dos paradas y ellos para muchas mas. En cuanto alguien se baja, hay baile de sitios, parece el juego de las sillas mágicas, y todos se cambian a otro: al que mas se acerca a su sitio preferido; el dentro al de fuera, el de dos a uno solo, los de atrás al de delante... Los primeros en quedar de nuevo libres son los de 4 y la final final... ya he dicho que son los que odia la gente. Bueno, los odiamos. Sin embargo adoramos los pocos que quedan ya para uno solo. Son los mas solicitados. Y no solo eso, sino que que en cada nuevo modelo de autobús menos asientos de esos hay porque en algunos modelos se han cargado hasta cuatro filas, lo juro. Lo de las maletas tiene también su aquel, puesto que la gente lleva por lo general enormes maletones que coloca en mitad del pasillo sin ningún rubor y debes arreglártelas como puedes para pasar... sin embargo tengo la guerra declarada a las mochilas porque la gente no se acuerda de lo que lleva a la espalda y te pega cada trastazo en plena cara o donde pille que ni te cuento.
Mientras esperan en la parada, la gente mayor suele colarse de todas, todas; aunque lleguen los últimos siempre intentarán pasar por delante de quien sea, a veces mientiendo descaradamente con el "yo estaba antes" que es mentira podrida, dando codazos, haciendo muro (los viejos hombres) para dejar pasar a la parienta. También es muy habitual en las señoras, salir repentinamente de detrás de la marquesina cuando llega el que van a coger, como si llevaran esperando una eternidad, pero han llegado después que tú. Se las ve el plumero.
Otra curiosidad son las horas: trabajadores, viejos, y niños que van al colegio, funcionarios que salen, trabajadores de los que se han llevado la bolsa de tupers, obreros cargando con la bolsa de deportes, limpiadoras, jovencitos que salen de marcha, etc se suceden según las horas del día.
El metro es otra cosa de la que posiblemente hable en algún momento. de momento, el autobús tiene la ventaja de que ves el paisaje y... NO HAY MUSICOS AMBULANTES. Algo es algo.
domingo, 22 de septiembre de 2013
LOS CINES DE MI BARRIO-
NOTA: Me repito, el original lo escribí para mi otro blog "Sueño de una noche de verano" , pero he decidido ponerlo aquí también debido al incrmeneto de salas que están cerrando a causa de la crisis, sí, pero también al aumento del IVA cultural. ABAJO EL IVA PARA LA CULTURA.
ULTIMA HORA. CIERRE DE LOS RENOIR CUATRO CAMINOS ESTE MES
Cuando vivía en Barcelona eran el Adriano, el Bonanova y el Balmes, de programa doble, donde me llevaban las tardes que no había colegio, merienda incluída.
En mi barrio no quedaba el Avenida de la luz, sino en los bajos de la Plaza de Cataluña, pero allí nos llevaba mi padre a ver las de Disney.
En mi colegio también daban cine los domingos por la tarde y, algunas veces, las películas estaban hasta bien aunque entonces no supiera apreciarlas mucho.
En Madrid, mi barrio estaba lleno de cines, donde te encontrabas al colegio en pleno cuando ponían pelis como "Tu a Boston y yo a California" o "Hatari".
Los que más cerca tenía, ahora desaparecidos o reconvertidos, eran el Carlos III, de estreno, enorme, donde hacían festivales los del colegio de los Sagrados Corazones y que tras pasar por sede de exposiciones como "Títanic" o "Bodies" parece ser convertirá en un "centro de eventos" lo que sea eso, el Tivoli (un VIPS), el Benlliure (pasó por ser un ABAC que quitaron hace tiempo, así que está cerrado y vallado ), el Beatriz (cine, teatro y ahora el restaurante Teatriz), el Salamanca... ahora un C&A, el Richmond, el Carlton, el Vergara (que continúa como multisala en parte, y en parte es un VIPS) o el mucho más moderno Cid Campeador en la calle Príncipe de Vergara y cerró hace ya unos años aunque aguantó mas que otros.
De los de sesión continua... pues estaban el Alcalá (ahora teatro), el Narváez, (ahora un Renoir, ¡Bien!) el Ibiza, el Sainz de Baranda (ahora un local de celebraciones infantiles), el Bellas Artes, que paso a ser de "arte y ensayo" y me encantaba porque era pequeño y acogedor... Un poco más lejos quedaban el Barceló, el Alcántara, o el Peñalver, el Jorge Juan, el Gong...y el Fantasio, en Ortega y Gasset, ahora un Simply.
En la calle Génova desaparecieron hace mucho, muchísimo
el Colón y el Príncipe Alfonso, en los que no sé por qué, recuerdo haber
visto pelis de romanos cuando vine a vivir a Madrid.
Una época marcaron los que llamaron de "Arte y ensayo", con pelis en blanco y negro y versión original donde practicar los idiomas 7y que suponían no eran para "público en general, sino para culturetas que entonces no se llamaban así. Aunque no todos estaban en mi barrio me gustaban el Palace ( bajo el Hotel Palace), o el Pompeya, en la Gan Vía, el California o el Rosales, estos últimos en Argüelles que han durado hasta hace poco. Todos son ya un recuerdo.
También estaban los Cinestudios Groucho y Bogart, estos dos con programa dobles estupendo y v.o. ¿Se podía pedir más? Siempre podías encontrar la película que se te había pasado, eran baratos y estaban llenos de lo que se llamaba "gente progre", así que te ibas aunque te quedaran en el quinto pimiento si ponían algo que te interesaba.
Entonces llegaron los Alphaville (ahora se llaman Golem) en la calle Martín de los Heros, progres entre los progres, y que han convertido la zona en el foco de los V.O.
Ellos rompieron moldes porque ponían películas que se consideraban atrevisa y día sí, día también estaba amenazados por los ultra... sobre todo cuando estrenaron "Je vous salue, Marie".
Los siguieron los Renoir, en la misma calle y más adelante, cual pulpo se fueron extendiendo por la Plaza de los Cubos, añadiendo lo que fue una discoteca muy famosa y por el pasaje cutre que une la plaza con la calle Martin de los Heros, convirtiendo unas salas X que allí había en ahora salas 10 y 11 .
ULTIMA HORA. CIERRE DE LOS RENOIR CUATRO CAMINOS ESTE MES
Cuando vivía en Barcelona eran el Adriano, el Bonanova y el Balmes, de programa doble, donde me llevaban las tardes que no había colegio, merienda incluída.
En mi barrio no quedaba el Avenida de la luz, sino en los bajos de la Plaza de Cataluña, pero allí nos llevaba mi padre a ver las de Disney.
En mi colegio también daban cine los domingos por la tarde y, algunas veces, las películas estaban hasta bien aunque entonces no supiera apreciarlas mucho.
En Madrid, mi barrio estaba lleno de cines, donde te encontrabas al colegio en pleno cuando ponían pelis como "Tu a Boston y yo a California" o "Hatari".
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| Salamanca, ahora C&A |
Los que más cerca tenía, ahora desaparecidos o reconvertidos, eran el Carlos III, de estreno, enorme, donde hacían festivales los del colegio de los Sagrados Corazones y que tras pasar por sede de exposiciones como "Títanic" o "Bodies" parece ser convertirá en un "centro de eventos" lo que sea eso, el Tivoli (un VIPS), el Benlliure (pasó por ser un ABAC que quitaron hace tiempo, así que está cerrado y vallado ), el Beatriz (cine, teatro y ahora el restaurante Teatriz), el Salamanca... ahora un C&A, el Richmond, el Carlton, el Vergara (que continúa como multisala en parte, y en parte es un VIPS) o el mucho más moderno Cid Campeador en la calle Príncipe de Vergara y cerró hace ya unos años aunque aguantó mas que otros.
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| Antes, Cine Carlos III |
De los de sesión continua... pues estaban el Alcalá (ahora teatro), el Narváez, (ahora un Renoir, ¡Bien!) el Ibiza, el Sainz de Baranda (ahora un local de celebraciones infantiles), el Bellas Artes, que paso a ser de "arte y ensayo" y me encantaba porque era pequeño y acogedor... Un poco más lejos quedaban el Barceló, el Alcántara, o el Peñalver, el Jorge Juan, el Gong...y el Fantasio, en Ortega y Gasset, ahora un Simply.
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| Antiguo cine Richmond |
Una época marcaron los que llamaron de "Arte y ensayo", con pelis en blanco y negro y versión original donde practicar los idiomas 7y que suponían no eran para "público en general, sino para culturetas que entonces no se llamaban así. Aunque no todos estaban en mi barrio me gustaban el Palace ( bajo el Hotel Palace), o el Pompeya, en la Gan Vía, el California o el Rosales, estos últimos en Argüelles que han durado hasta hace poco. Todos son ya un recuerdo.
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| Antiguo Cid Campeador |
También estaban los Cinestudios Groucho y Bogart, estos dos con programa dobles estupendo y v.o. ¿Se podía pedir más? Siempre podías encontrar la película que se te había pasado, eran baratos y estaban llenos de lo que se llamaba "gente progre", así que te ibas aunque te quedaran en el quinto pimiento si ponían algo que te interesaba.
Entonces llegaron los Alphaville (ahora se llaman Golem) en la calle Martín de los Heros, progres entre los progres, y que han convertido la zona en el foco de los V.O.
Ellos rompieron moldes porque ponían películas que se consideraban atrevisa y día sí, día también estaba amenazados por los ultra... sobre todo cuando estrenaron "Je vous salue, Marie".
Los siguieron los Renoir, en la misma calle y más adelante, cual pulpo se fueron extendiendo por la Plaza de los Cubos, añadiendo lo que fue una discoteca muy famosa y por el pasaje cutre que une la plaza con la calle Martin de los Heros, convirtiendo unas salas X que allí había en ahora salas 10 y 11 .
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| Cine Benlliure | Gracias de nuevo, Jorge. |
domingo, 8 de septiembre de 2013
COMIDA CALLEJERA
Cuando yo viene a vivir a Madrid (antes venía de vacaciones) y hasta bastante después, por muy increíble que parezca, solo había un restaurante italiano. Se llamaba "Serenella" y estaba en la esquina de atrás de "Sepu" a la calle Desengaño, que ahora tampoco existe, pero eran unos almacenes baratillos que ocupaban lo que ahora es el H&M de Gran Vía, no el del cine Avenida, que es otro H&M, sino el de enfrente, junto a un cine que tampoco existe ya, el Imperial.
Pues volviendo al tema, aquel era el único sitio donde podías tomarte una pizza o unos "spaghetti" porque en las casas lo que se comía eran macarrones nada más.
Chinos había alguno, en la calle Leganitos y en otra calle junto a Gran Vía a los que poca gente iba puesto que se consideraban raros, con la excepción de House of Ming, en la Castellana, que era chino de lujo y la fachada estaba decorada con tejados picudos y letras rojas imitando la Ciudad Perdida. Ni que decir tiene que ahora tampoco existe.
Y no hace tanto tiempo de esto, lo juro... Pero es verdad de la buena, aunque cueste creerlo visto todo lo que hay ahora por ahí...
Por no haber no recuerdo que hubiera hamburgueserías.... y en las casa lo que se comía eran los "filetes rusos". El colmo de la modernidad fue el restaurante "Galatea" en la calle Príncipe de Vergara, entonces General Mola, donde podías tomarte un perrito caliente , casi casi igual a los de las películas.
Uno de los mejores recuerdos es un Día de la Amistad hispano-norteamericana, en que me llevaron a la base de Torrejón... un nuevo mundo se abrió ante mí. Había hamburguesas y sandwiches en pan de molde... riquísimos e igualitos... sí, a los de las películas.
Así también era la cafetería de los almacenes Sears... con sus taburetes de "skai" rojo, donde te servían el clásico "milkshake" con soda y todo, o el primer restaurante de "Kentucky fried chicken", por Alberto Alcocer, que tenía una pared adornada con un dibujo de chicas vestidas como Escarlata O´Hara...
Coca-cola sí que había, desde hace mucho, pero con respecto al chocolate debía conformarte con Suchard (el del perro), Elgorriaga (el de la campana, que se hacía en Irún) y los Nestlé rojos de toda la vida, incluso ya entonces.
Una de las cosas que más me chocaron, y me asombraron, la primera vez que fui a Londres (¡ay, que tiempos aquellos!) fue la cantidad de restaurantes de todo tipo que allí había. Hemos subido de nivel, ya iba siendo hora.
Ahora hay todo tipo de comida, incluso comida de mentira desperdigada por las calles. Véase la muestra.

NOTAS Cristina (Eeckman) me dice que había otro restaurante italiano por Santo Domingo, en un piso, que se llamaba "La Piamontesa". Yo no lo conocí. También me cuenta que en el Sereenella había una ventanita por la que pasaban las pizzas a las "señoras de vida alegre" de las inmediaciones.
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